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 Weasley Offspring

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MensajeTema: Weasley Offspring   Miér Mar 23, 2011 1:19 pm

Lo traigo recién creado... trata de Ron & Hermione y la pequeña Rosie. Justo después de un periodo de gran falta (hasta preocupante) de inspiración. Es mi primer Romione.

INFORMACIÓN:

Es un Ron/Hermione fundamentalmente, aunque no se le da tampoco demasiado poco protagonismo al resto. Comienza en el 2006. Es un romance, una historia con una pizca de humor, y que no sé en este momento cómo acabará. El segundo capi ya está empezado.




WEASLEY OFFSPRING
(Descendencia Weasley)






1. El Principio.

Era la primera mañana de vida de Rose Weasley en su casa de las afueras de las afueras de Devon, cercana al pueblo de Chudley, donde nacieron los Chudley Cannons. Rose apenas tenía cuatro días de vida (los tres primeros los había pasado en La Madriguera, donde nació), pero era el ojito derecho (y el izquierdo también) de sus ilusionados padres. De hecho, Ron y Hermione se pasaban cada segundo de la vida de Rose pendientes de ella, con la cámara de vídeo muggle (regalo de William y Madison Granger) siempre a mano, por si acaso.
Aquella mañana, Hermione, todavía ligeramente rellenita, despertaba abraza a Ron, que dormía con la boca abierta, en sueño muy profundo, imperturbable. Se levantó quitándose las legañas de los ojos, un poco zombie, y se acercó despacio a la cuna de Rosie, cercana a la cama matrimonial. Aún era temprano, pero no pudo evitar asegurarse de comprobar que todo fuera correctamente. La pequeña Rose, había heredado, para suerte de Ron y Hermione, el talento de Ron para dormir a rienda suelta horas y horas seguidas sin que ni una bomba nuclear pudiera despertarlos, al igual que su afán por la buena comida, aunque de momento no tuviera más remedio que resignarse a la leche materna que Hermione pudiera darle, pero ella ya lo preveía.
Rose era pelirroja, con un cabello abundante y muy, muy colorado. Tenía las mejillas rosadas y su piel era blanquecina. Tenía tres o cuatro pecas en cada mejilla y a lo largo de su pequeña nariz. No era lo que se dice regordita, pero tampoco delgada. Era como sólo ella podía ser, única. Aún no tenía pendientes, pues a Ron le disgustaba la idea de agujerearle sus preciosas orejitas tan pronto, cuando ella podía hacerlo con magia, de manera indolora, cuando quisiera. Tenía los puños apretados, estando aún en posición ligeramente fetal, encogida, con su barriguita subiendo y bajando lentamente al ritmo de su respiración. Era una niña de apenas cuarenta centímetros, más o menos. Siendo realistas, Hermione, por supuesto jamás delante de Ron, solía decir que, en realidad, sólo era un bebé un poco deforme, pero de una manera que le encantaba. Ron no paraba de presumir de lo “perfecta” que era su hija, y de hecho, quizá de manera accidental, siempre que entablabas una conversación con él, la nueva miembro del Clan Weasley salía en ella.
La mantita que le habían puesto se había movido durante la noche, así que Hermione volvió a tapar bien a su pequeña, y le acarició un poco los ondulados cabellos. Con un pañuelo de tela húmeda, le limpió un poco la cara, y la pequeña ni siquiera se inmutó. Para Hermione, era, al menos físicamente, muy parecida a su padre y a la mayoría de los Weasley. Aunque tenía más pecas (y eso que tampoco eran muchas, que digamos) que cualquier otro Weasley e incluso Hermione, que tenía algunas en el puente de la nariz, ella era pelirroja, de tez clara, pestañas pelirrojas amarillentas como las de todos los pelirrojos, que son como transparentes, era tan gordita como todos los recién nacidos suelan ser, tenía mucho pelo (eso más bien por Hermione), y cuando la mirabas, sin fijarte en las pecas o en el color del pelo, tenía algo que te hacía pensar automáticamente, “Weasley”.
Hermione estaba de baja maternal por cuatro largos meses, y George le había liberado a Ron un mes y medio de trabajo, y Harry otro mes y medio, pues Ron, aparte de trabajar en la tienda por las tardes, trabajaba de auror más que en ninguna otra cosa. Hermione solía decir, en broma, que ser auror era como la muletilla de cualquier recién salido de Hogwarts. Aprovechó para darle el pecho a Rose, aunque estuviera dormida, porque si Ron la pillaba, se ponía muy tonto. Desde que les grabó la primera vez a los pocos minutos de nacer Rose, se pasaba el día preguntando de manera inesperada “Oye Hermione, cielo. ¿Le diste ya el pecho a Rosie?”, y si la veía hacerlo, se ponía a hacer cariñitos, y se ponía en plan padre tonto completa y absolutamente prendado de su hija. Aunque, a decir verdad, la pequeña también se ponía bien hermosa y fotogénica cuando se alimentaba del pecho de su madre.
Tanteando un poco, Hermione consiguió meter su pezón entre los labios pequeños y carnosos de Rose, y que ésta, un poco zombie y de manera semiautomática, comenzara a succionar, ocasionando un tumulto de indescriptibles sensaciones a su madre. Entonces Ronald bostezó abiertamente, por fin en su propia cama grande, pero Hermione sabía que su Ron era demasiado dormilón como para que un simple bostezo pudiera con él.
Echándose a Rose al hombro al terminar para que ésta pudiera expulsar cómodamente sus gases, cosa que hizo en poco menos de diez segundos. Después, decidió que podía volver a dormirse. Mientras, ella iría a hacerse algo de desayunar, pues el estómago comenzaba a rebelarse en su contra, exigiendo razones de porqué no estaba siendo atendido de inmediato. Al oler las tortitas, Ron despertó de inmediato y, tras besar a su hija, bajó y abrazó a Hermione por la espalda, besando su cuello.
—Buenos días —dijo Hermione sonriendo mientras dejaba los platos en la mesa.
—Buenos días. ¿No te dijo Audrey que tenías que descansar mucho ahora? Las tuyas fueron las cinco horas más estresantes de mi vida —dijo sentándose con ella Ron.
—Oh, ¿supero a los ÉXTASIS? —bromeó ella—. Ya sé lo que Audrey dijo pero eso fue hace cuatro días, cuando estaba, metafóricamente muerta. Ahora estoy descansada y me aburro sin hacer nada.
Entonces Rose comenzó a llorar, así que Hermione, preocupada, subió corriendo las escaleras para atender a la bebé. Al subir, no vio nada extraño, y cogió a Rose en brazos, acunándola un poco. Seguramente se habría despertado y no le había gustado encontrarse sóla, porque en cuanto Hermione la cogió, paró de llorar, gimoteando sólo un poco.
—Ya está, Rosie, mamá ya está aquí, no pasa nada, no tienes porqué llorar —le susurró acariciándole la cabeza mientras la acunaba. Abajo sonó el teléfono muggle que, ahora que eran una gran familia, y la mayoría con bebés que atender, habían habilitado en toda casa Weasley o Potter, pues con bebés, era mejor que entretenerse escribiendo cartas. Supuso que Ron lo cogería.
Cuando Rose se calmó un poco, la llevó hasta abajo, donde Ron hablaba por el teléfono con cara de aburrimiento extremo, y que acarició la espalda de Rose en cuanto Hermione y ella se acercaron a él. Cuando al fin colgó, Hermione le miró expectante.
—Mamá dice que van a hacer comida familiar en La Madriguera, en el jardín. Vendrán Bill y Fleur con Victoire, Dominique y Louis, Charlie, Percy y Audrey, George y Angelina con Fred Junior y Roxanne, y Ginny y Harry con James Junior. Quería saber si nos apuntábamos.
—¿Y qué le has dicho?
—Bueno, como tú andas insinuando que estás estupendamente, le he dicho que iríamos, a menos que pasara algún imprevisto, en cuyo caso avisaríamos —respondió Ron.
—Estupendo —le dio un corto beso a Ron y botó un poco a Rose, que abrió los ojos mirando a Ron, que tomó una mano de Rose, sonriendo, y la besó mordiéndola delicadamente, jugando con ella.
—Mm... Deliciosa —bromeó Ron mientras la niña le miraba con los ojos grisáceo azulados, como los de todos los bebés lactantes, redondos como platos.
Unas horas más tarde, fueron a La Madriguera. Harry les abrió la puerta, con James dormido en los brazos que, comparado con el demonio fuera de control que solía ser despierto, parecía un angelito. No era que James fuera malo, qué va, era que James era un niño que no podía estarse quieto, y que era infinitamente curioso. Necesitaba tocarlo y verlo todo, pero solía ser muy cuidadoso.
—Hola, ¿Cómo estáis? —les dijo con una sonrisa dándoles dos besos a cada uno y acariciando la nuca de Rose, que Hermione llevaba en brazos, aunque Ron trajera el carrito, que lo dejaron en la entrada, junto con otros dos.
—Divinamente —respondió Hermione—. ¿Y tú?
—Genial. Pasad, chicas en la cocina, chicos en el salón.
Hermione cogió a Rose y fue hasta la cocina, saludando a Ginny, Angelina, Fleur, Molly y Audrey, y a sus sobrinas, que preferían la compañía materna, y que estaban entusiasmadas por conocer a su nueva prima, porque cuando estuvieron allí, los niños no podían entrar al dormitorio de Ron y Hermione, donde ésta descansaba con Rose.
—¿Qué tal la vuelta a casa? —preguntó Audrey sonriendo.
—Muy bien. Como en casa en ninguna parte, ¿no? Además, Rose duerme tanto como su padre. Podría pasar un huracán por encima de la casa y ellos ni se inmutarían —bromeó Hermione.
—Todos los hombres son iguales —bromeó Ginny—. Sino ponle a Harry y a James un buen pastel de melaza delante, que será el fin del mundo y ellos sólo estarán pendientes del destino del pastel —todas rieron—. ¿De dónde sale eso, mamá? Desde donde yo sé, papá no es así ni por asomo, al margen del que yo no conozca a James Potter I, con mis hermanos...
—Bah, será de tu tío Fabian, que no era ni cuidadoso con sus cosas, ni poco perezoso. Siempre dije que los gemelos se parecen muchísimo a ellos, Gideon y Fabian —respondió Molly quitándole importancia, mientras vigilaba la comida.
—Pues entonces mamá, eras adoptada, sinceramente. O tú, o ellos. Y el tío Bilius igual, todos hombres.
—¿Qué pasa con el tío Bilius? —interrumpió Ron entrando en la cocina y yendo a coger un pellizco de pastel de melaza disimuladamente. Molly le pilló y le dio en la mano.
—¡Ronald! No toques eso, es para el postre —le reprendió ésta.
—Pero mamá, los Potter habrán acabado con eso antes de que llegue a la mesa —Ginny carraspeó—. ¿Qué pasa?
—Acostúmbrate a que “los Potter” somos Harry, James, el que llevo dentro y yo misma. Y a mí el pastel de melaza no me gusta más de lo normal, y al futuro Potter probablemente aún no pueda gustarle, así que especifica —Ginny estaba de ocho meses de lo que ella aseguraba “era un Potter” mientras que Harry juraba que era una Potter.
—Lo mismo da, mi renacuaja supera a tu futuro hijo o hija —dijo besando la nuca de Rose, pues la cara estaba contra el hombro de Hermione—. La menor de tres años de la casa es Rosie por excelencia.
—¿Has llamado “renacuaja” a mi hija, Ronald? —preguntó Hermione como si el apelativo se tratara de una broma—. Pelirroja, Rosie, o... o cualquier otra cosa vale, pero no la llames nada como renacuaja, hormiguita o ratita, por favor.
—El nombre es lo de menos —dijo Ron quitándole importancia.
—Precisamente por eso tardamos cuánto, ¿cuatro o cinco meses en elegirlo? —ironizó Hermione.
—¿Y aún no sabéis qué es? —intervino Angelina mirando a Ginny.
—Yo siento que es niño, pero Harry, con toda su testarudez, insiste en que es niña. Y como no vale la pena discutir con él...
—¿No debería ser al revés? —comentó Fleur.
—Qué va. Ahora es él quien tiene unas ganas tremendas de tener una niña. Dice que quiere a una mini-Ginny.
—Qué romántico —opinó Audrey.
—Pues yo espero que sea lo que sea, tenga los ojos de Harry. Son tan bonitos... y en peligro de extinción —opinó Ginny. Entonces el pequeño James, de tan sólo un año, entró en la cocina y abrazó la pierna de su madre, que comenzó a acariciarle el pelo—. ¿Tienes sueño, Jamie? —el pequeño asintió zombie con la vista fija en el pastel de melaza—. ¿Pero no estabas durmiendo con papá? Yo no puedo cogerte, ya lo sabes.
James miró brevemente a su madre y, agarrándose a la encimera con la mano, se puso de puntillas, asomando los ojos por encima de la encimera y mirando el pastel.
—¿Te doy un poco cielo? —le preguntó Molly con cariño y James asintió rápidamente.
—Ponle sólo un poco, mamá, que luego no quiere otra cosa. Y no metas las manos, ¿eh, James?
Molly le sirvió un pequeño trozo de pastel a James con una cucharita para que se la comiera, pues James estaba aprendiendo a usarla, resistiendo la tentación de meter la mano directamente, ante la mirada severa de Ron, y James comenzó a comer con algo de torpeza. James les llegaba a todos más o menos a la altura de la cintura y un poco más abajo, tenía el pelo negro azabache despeinado y abundante, como su padre, y los ojos color miel de Ginny.


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MensajeTema: Re: Weasley Offspring   Miér Mar 23, 2011 1:59 pm

¡Me encanto! Espero ansiosa el siguiente capitulo.

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MensajeTema: Re: Weasley Offspring   Miér Mar 23, 2011 4:04 pm

Gracias.

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MensajeTema: Re: Weasley Offspring   Vie Mar 25, 2011 12:13 pm


WEASLEY OFFSPRING
(Descendencia Weasley)



2. Tarde en La Madriguera.

Sirvieron la comida a lo largo una larga mesa, en el jardín, mientras los niños, que comían muy rápido para poder jugar, se iban a corretear por el jardín. Estaban Teddy Lupin, de ocho años, Victoire y Fred Weasley II, de seis, Dominique Weasley, de cinco, Louis y Roxanne Weasley, de cuatro, y James Potter II, de uno. Teddy estaba ese fin de semana en casa de los Potter, pues a veces lo invitaban algunos fines de semana, y por eso había ido sin su abuela. Entre todos los primos y Teddy, al que consideraban desde siempre como un primo Weasley más, formaban una piña inseparable, pues todos se adoraban, y no soportaban la idea de vivir sin uno de ellos, ni siquiera de James, que era el más pequeño. Los mayores se entretenían mandando y vigilando a los pequeños, además de presumiendo de ser su ejemplo, enseñándoles cosas y riéndose con sus tonterías, y los pequeños, simplemente admiraban a los mayores, y trataban de imitarlos en todo. Tanto era así que, una vez, James se hizo una pequeña coletilla en el pelo, con el poco que pudo coger, pues era abundante y sus padres no solían tenerle muy rapado, sólo porque vio a su prima Victoire rehacerse una. Y jamás de los jamases había peleas entre los primos, ni siquiera las más leves discusiones o gritos. Eran cuatro chicas, aunque Rose no pudiera jugar con ellas [Off: Dominique, traducido del francés al español significa Dominica, y Dominic significa Domingo], y luego tres chicos y Teddy cuatro, pero no tenían problemas por eso.
El sol brillaba sobre el jardín con intensidad, el cielo azul cyan estaba despejado y había una suave brisa fresca, por lo que el tiempo invitaba a salir al exterior.
Después de comer, Hermione comenzó a darle el pecho a Rose, que había despertado hambrienta, y que succionaba como si la vida le fuese en ello, haciéndole daño a veces a su madre. Hermione se había reclinado cómodamente en su asiento para poder hacer mejor su “trabajo”, mientras charlaba con los demás. Rose estaba realmente hambrienta. Ron le acariciaba el pelo a Rose para relajar un poco sus ansias disparadas.
Entraron en la casa a tomar el té en el salón, pues comenzaba a refrescar, y abrigaron bien a aquellos niños que se quedaron fuera. Hermione se tumbó en un sofá, con Rose encima y la cabeza sobre un cojín, sobre las rodillas de Ron, sentado en el sofá. De inmediato, Hermione y Rose se quedaron profundamente dormidas, y durmiendo se notaba lo madre e hija que eran.
—...espera a que empiece con el “papi comprame...”, que le gusten las mismas cosas que a ti y te las robe, que tengas que comprarle algún capricho de vez en cuando... —desalentaba George a Ron en broma.
—Pero si a ti eso nunca te ha pasado —dijo Angelina mirando a su marido.
—Lo sé, pero a alguien le tenía que pasar, ¿no? Y Ronnie es el único que queda.
—¡No me llames así! —se quejó Ron
—¿Cómo? ¿Ronnie, quieres decir? ¿Es eso, Ronnie? —dijo George para hacerle rabiar.
—Eso mismo. Para.
—Por supuesto que paro si quieres, Ron. Tan solo ten cuidado con esa... ¡araña! —señaló la rodilla de Ron.
El respingo que pegó Ronald fue tal que casi tira a Hermione, que despertó alarmada, y el bebé se echó a llorar. Por supuesto, no había ninguna araña o insecto alguno.
—¡Mira lo que has hecho! —dijo Ron enfadado mirando a George con los ojos echando chispas—. ¿Estás bien, mi amor? Lo siento mucho cielo, no era mi intención... ya sabes que soy totalmente aracnofóbico... —se disculpó Ron mirando a Hermione preocupado, quien se sentó al lado de su esposo tranquilizando a Rose con palabras de consuelo y acariciando su espalda—. ¡Pídele perdón ahora mismo! —exigió enfadado poniéndose en pie y mirando a George.
—Ron, déjalo. No pasa nada, no tiene importancia, estoy bien, no me hice daño, y a Rose se le pasará enseguida el disgusto... —dijo Hermione mirando a Ron—. Sh... tranquila... sh...
—¡No, si que pasa! ¡Exijo unas disculpas, George!
—Ronald, no es culpa mía que seas un cagado y pegues tales brincos que molestes a las pobres Hermione y Rose —se defendió George—. Era sólo una broma, pero tú te lo tomas todo a mal...
—George, pídele perdón a Hermione ahora mismo. Podría haberse hecho daño en el cuello por tu culpa, y has conseguido que Rose llore y se despierte. ¿Qué te cuesta decir “lo siento”? —exigió Angelina sentándose junto a Hermione y acariciándole el pelo a Rose—. Y cada uno tiene sus fobias, eso no quiere decir nada, Ron ya ha demostrado muchísimas veces su alta capacidad de valentía, así que no eres quien para criticarle. Uno tiene fobia a las arañas y otro a otras cosas y el jamás se mete contigo.
—Está bien... siento el lamentable desencadenamiento de mi broma, Hermione —se disculpó George levantándose.
—Gracias —respondió Hermione mientras Rose paraba de llorar.
—Me voy ya, la tienda tendría que haber abierto hace media hora. Y aún es viernes. Me despediré de los niños en el jardín —dijo George besando a su mujer y saliendo de la casa.
—Venga Ron, siéntate y cálmate —dijo Hermione, y Ron se sentó rodeando a Hermione con un brazo—. No importa —dijo besándole.
Entonces escucharon risas. James se había cansado de estar en el jardín y se había subido a las rodillas de su padre que en ese momento le mataba a cosquillas. Harry acomodó a James encima de sus rodillas, con cada pierna a un lado de la cintura del mayor, tomó sus manos fuertemente, y le empujó hacia atrás suavemente, haciéndole reír, pues de inmediato James se vio bocabajo, con todos los pelos hacia abajo, viendo su pequeño mundo del revés. Pero James había escuchado e identificado los llantos de su prima pequeña y fue a darle un beso en la cabeza, subiéndose a las rodillas de Hermione.
—Muy bien hecho, James —le felicitó Harry mirándole sonriendo, y James, bajando al suelo, miró hacia su abuela, que entraba en la habitación.
El pequeño era tan parecido a su padre que a veces a algún miembro de la familia se le había escapado llamarle “Harry” y a menudo les extrañaba no encontrarle ojos verdes o cicatriz en la frente a James.
Molly venía seguida de sus hambrientos nietos y de Teddy, pues traía la tarta de melaza en las manos. Al verla, Harry y James se quedaron embobados.
Al terminar la tarta, Ron, Hermione y Rose regresaron a casa, pues Hermione y Rose aún debían descansar más que nadie y aún debían bañar a Rose un poco.
Hermione solía ser la encargada de bañarla, con cuidado con el cordón umbilical de la niña y con manejarla correctamente en la bañera, y Ron solía ser quien estuviera pendiente a cualquier cosa que Hermione necesitara, ayudarla, e irle pasando las cosas. Ella solía llorar un poco, pues le disgustaba que interrumpieran su felicidad de dormir calentita, cómodamente en su moisés, para empaparla. Una vez estuvo bien limpia y vestida, Hermione le acomodó su mantita por encima del pijama, sentándose en el sofá, y le dio el pecho mientras Ron hacía la cena. Automáticamente, la niña se quedaba dormida apretada junto al pecho de su madre.
Ron rodeó a su esposa con un brazo, apoyándola contra él, y le acarició el pelo mientras veían la televisión muggle que William Granger les había regalado aquellas navidades.
—Qué relax, ¿no? —comentó Ron, hablando en voz baja, metiéndole bien le la boca el chupete a Rose.
—Sí —afirmó Hermione—. Oye, Ron...
—¿Si?
—Había pensado... bueno, cuando volvamos al trabajo los dos. ¿Cómo lo haremos para cuidar de Rose? Sólo tendrá cuatro meses, nos necesita.
—Tiene cuatro abuelos maravillosos y nueve tíos y tías estupendos que pueden encargarse de ella cuando haga falta. Y si no, yo sólo trabajo por las tardes en la tienda y sólo algunos días a la semana, y en el ministerio, mientras no hayan misiones, nos necesitan muy poco, así que, como tú trabajas por la mañana solamente, la mayoría de las veces Rose siempre tendrá a uno de nosotros con ella —resolvió Ron rápidamente—. Y cuando no, ya veremos con quién la dejamos, de todos modos ése sería muy poco tiempo. Y legalmente, durante el primer año de paternidad, no podemos ir a misiones. Harry estará totalmente libre en cuanto nazca su segundo hijo, y entre él y James, creo que algún tiempo tendrá para su ahijada, ¿no? Así que cuando él y yo acabemos nuestras bajas, cada uno va a procurar que vosotras no estéis demasiado tiempo solas. Y menos mi hermana. Ya veremos cielo, pero, de momento...
—No me aclaro de si me apetece o no volver a trabajar, ¿sabes? La primera semana fue un poco agobiante, pero ahora... —ella llevaba de baja desde los ocho meses.
—A mí no me apetece mucho, con sinceridad. He apostado con Charlie a que tendrá tus ojos. Él dice que tendrá los míos pero yo digo que los tuyos. Es una niña, ya tiene mucho de mí.
—A mí no me importaría si tuviera tus ojos, porque, con sinceridad, adoro tus ojos. Y tus pecas. Y tu rojo —le dio un beso—. Te adoro. Estás hecho todo un padrazo.
—Gracias... —Ron la besó de nuevo y acarició la cara de Rose, que abrió los ojos, de color gris azulado debido a que fuera lactante—. ¡Eh, mira Hermione!
Hermione cogió mejor a Rose, que la miró de manera un tanto desenfocada, y miró a Ron, y luego a Hermione, una y otra vez, con curiosidad reflejada en la cara. Hermione sonrió y Ron estiró un brazo para sacar la cámara de vídeo que estaba en la mesita frente al sofá, y la encendió grabando a Rose, que estiró sus manos hacia su padre con recelo, dándole con la mano en la barba incipiente y tratando de llegar a la cámara (Hermione le había acercado a la niña y él se había encorvado un poco), haciéndoles sonreír ampliamente. Entonces la niña bostezó pasándose una mano por la cara, y su madre la acunó aún más contra su pecho, y Ron las abrazó un poco más, sin dejar de grabar hasta que la bebé cerró completamente los ojos.
Entonces, se levantaron, dejaron la cámara, y dejaron a Rose con cuidado en su cuna, dejándole cerca su osito de peluche, y tapándolos a ambos con la manta celeste de la pequeña. Hermione se agachó y le dio un beso a Rose en la frente, y Ron hizo lo mismo.
—Buenas noches pequeña —le deseó Ron, y él y Hermione se pusieron sus respectivos pijamas y también se fueron a dormir.

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MensajeTema: Re: Weasley Offspring   Vie Mar 25, 2011 1:48 pm

Ayyy que ternurita Rose ^^ cada vez se pone mas linda la historica cielo espero ansiosa el tercer capi ^^

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MensajeTema: Re: Weasley Offspring   Vie Mar 25, 2011 2:58 pm

Vaya! me has dejado completamente embobada con la historia! Sigue escribiendo que lo vales Smile
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MensajeTema: Re: Weasley Offspring   Sáb Abr 02, 2011 12:03 pm

ya casi pone el tercer porque lo he visto escribir un monton...
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MensajeTema: Re: Weasley Offspring   Sáb Abr 02, 2011 1:13 pm

Capítulo 3: Descubriendo Nuevas Experiencias.


Rose contaba ya con una semana de vida. A partir de ahí, era cuando, para Ron y Hermione, comenzaba la parte estresante del asunto, pues ahora Rose lloraba más a menudo, pues habían descubierto que le disgustaba despertar y estar sóla en una habitación y que era tan impaciente como su madre, que esos días estaba un tanto irritable o rara de ánimos, pues tenía que estar controlando la lactancia de Rose, soportándola (las ansias del bebé a veces le causaban auténticas molestias), estando todo el rato pendiente de sus necesidades, de las suyas propias, de no dejar muy olvidado a Ron y de tratar que no se le acumulara mucho el trabajo, pues luego volvía de la baja y no tenía capacidad para tanto, y el sólo pensarlo, la estresaba. Además, Audrey tenía que revisar a Rose cada poco tiempo, y asegurarse de que todo fuera bien.

Una tarde del Sábado, Ron tuvo que irse a la tienda muy poco después de la comida, pues George se había fracturado una muñeca, Angelina estaba muy ocupada con los niños, y Verity no podía estar sóla. Era la primera vez que Ron dejaba sóla a Hermione desde que naciera Rose, y no le gustaba en absoluto, sobretodo sabiendo lo estresante que podía resultarle no contar con la gran ayuda que Ronald solía proporcionarle. Y en casa de los Potter ya había mucho caos como para compartir el propio caos Weasley con ellos.

Así pues, cuando Ron abandonó la casa, Hermione terminó de comer sóla y se fue a sentarse en su cama, a vigilar que Rose estuviera bien en la cuna. En esos momentos era cuando comenzaba a pensar en todas las cosas que aún le quedaban por hacer ése día, además de que sus padres iban a ir a cenar a su casa, pues apenas habían visto a su nieta aún y Hermione misma había tomado la decisión de invitarles espontáneamente. Y, como suele pasar cuando haces esas cosas, acabó bastante agobiada, aunque no fuera para tanto realmente. Suspiró hondamente y miró a Rose, que apoyaba la cara en su osito de peluche.

El estar sin Ron en casa y tantos días encerrados en casa, sin apenas ver a nadie, le estaba jugando una mala pasada, dándole una gran sensación de soledad y abandono. Se alegraba muchísimo de ser madre, pero lo que quería era descansar, relajarse y no pensar en nada, y no pasarse el día pendiente de los demás. Ron le ayudaba, y mucho, pero no era suficiente. Ron no podía darle el pecho a Rose para que ella pudiera echarse una siesta, o seguir durmiendo por las noches, Ron no podía tranquilizar tan bien como ella a Rose cuando lloraba para que ella no tuviera que interrumpir una ducha o cualquier cosa (nada como una madre), Ron podía hacer cosas, pero Rose, como cualquier bebé tan pequeño, lo que quería era que su madre le echara cuenta. Y su madre no podía pasarse la vida con Rose, necesitaba convivir con otros adultos, no le sentaba bien pasarse una tarde entera sóla intentando comprender el significado de los llantos, grititos o balbuceos de Rose. De vez en cuando, necesitaba echarse unas carcajadas con alguien de su edad, salir con sus amigas y familiares, ir de compras o de fiesta, algo con alguien que no fuera Ronald... Y ahora todo, al menos momentáneamente, había acabado. Se sentía más sóla que la una.

Volvió a suspirar y apoyó su cara entre las manos, con los codos en las rodillas. Miró a Rose de nuevo. Estaba tranquila, quizá así pudiera darse un baño de espuma con un buen té... Entonces Rose rompió a llorar, al parecer, hambrienta, de nuevo. Suspiró por tercera vez consecutiva y se dispuso a darle el pecho, que ya, según el reloj, le tocaba. Pero Rose tenía tanta urgencia por comer que la estaba auténticamente torturando. Al final, tuvo que dejarlo tras cinco minutos, pues no podía más. Por consecuencia, llantos, la muy todavía no se bastaba. Probó a tranquilizarla con algunas palabras tranquilizadoras, o alguna canción o música, incluso con su portátil muggle, pero sólo lo logró temporalmente. Preparaba la cena cuando volvió a estallar el llanto. Desesperada, intentó darle pecho, procurando sufrir en silencio, pues la pequeña era realmente bestia. Delicadeza cero. Además, ya le había causado dolor de cabeza a su madre. Cuando por fin se durmió, continuó preparando la cena, dejó que continuara mediante magia para aprovechar y limpiar un poco el salón.

Controlaba su magia, cuando la niña volvió a llorar.
—¡¿Y ahora qué? —se desesperó al borde del llanto (aún estaba a un cuarto del llanto gracias a la lactancia).

Al parecer, ahora se sentía demasiado sóla. ¿En qué momento se había vuelto tan llorosa? Podía jurar que el día anterior apenas se la sentía. Pero Hermione estaba tan nerviosa y de tan mal humor que no podía calmarla a ella si no se calmaba ella misma. "Ojalá, ojalá llegase Ronald ¡ya!".

—Rose, cállate. Dame cinco minutos y podré darte algún abrazo pero ahora mismo tengo impulsos de... ¡silencio, por favor! —le rogó llevándose las manos a la cabeza, temiendo que le explotara. Llevaba toda la tarde con la misma banda sonora, y la pequeña, parecía detectar el humor de su madre, pues continuó llorando.

Y ahí ya no pudo más. Llevaba, en secreto, el último mes, primero pensando "Seré la peor madre del mundo" y luego pensando "Soy la peor madre del mundo, seguro, Rose estaría mejor con cualquiera menos conmigo". Entonces se sentó en el suelo y rompió a llorar ella, viéndose miserable y sin fuerzas para Rose. Y entonces la niña debió de pensar que era suficiente y se calló. En ese momento, llegó Ron, y al oír llantos lejanos, corrió a la habitación, y al ver a Hermione llorando como nunca en el suelo, se asustó y se sentó a su lado, abrazándola.

—Ya está, amor mío, ya estoy aquí. Cielo, cálmate un poco, ¿Qué ha pasado?
—Ron... yo... no puedo, Ron, no soy una buena madre. Soy un desastre, Rose lleva todo el día llorando... no puedo... sóla...
—Sh... sh... tranquila... escúchame bien. Rose no podría tener una madre mejor que tú.
—Tonterías. Soy mala madre y...
—¡No me seas testaruda! —le dio un beso—. Sea como sea, eres un pilar fundamental en la familia Weasley y en la Granger, y Rose no tiene otra madre. Ya sé que no debí dejarte sóla y que a menudo es difícil pero... tú eres su madre. Tienes que relajarte y ella te imitará, si te relajas todo será más fácil, y ella no llorará. Venga, date un baño, ¿Vale? Ya hablaremos de esto. Yo me haré cargo y le diré a tus padres que te quedaste dormida y que te acabas de levantar y vas a adecentarte un poco, ¿eh? —la ayudó a levantarse y le sonrió ampliamente—. Tómate todo el tiempo que necesites, no te preocupes. Sólo ha sido una crisis de ansiedad.

Ron cogió al bebé en brazos y salió de la habitación. Terminó de hacer la cena, durmió a Rose, y la dejó en su cuna justo a tiempo para abrir la puerta y abrazar a William y a Madison Granger.

—¡Hola familia! —les saludó—. ¿Qué tal? ¿es eso una empanada, Mady?
—Hola, Ron —saludó Madison sonriendo—. Sí, de esas que tanto te gustan. Pero resérvala para después de cenar, que luego... —los Granger y Ron se llevaban mejor que mejor, casi le habían adoptado como hijo suyo.
—¿Todo bien, Ron? ¿Y las chicas? —preguntó William mirando a su alrededor.
—Rose está durmiendo, ahora la traigo, y como tuve que ir a la tienda porque mi hermano se fracturó una muñeca, no tenía a quien acudir y la tienda estaba abarrotada como para cenar y apenas llegué hace unos minutos, me pareció justo que Hermione se diera un buen baño para desconectar —a William le brillaron los ojos y de pronto sintió un gran cariño por su yerno—. Estáis en vuestra casa.

Subió hasta su habitación y cogió a Rose en brazos. Asomó la cabeza por la puerta del baño del dormitorio y contempló en silencio durante unos segundos la figura de su esposa con los ojos cerrados, en la bañera, con la espuma flotando en el agua.

—Tus padres ya han llegado. No te preocupes, les dije que como llevabas todo el día sóla con Rose, te ibas a dar un baño para desconectar —la vio entreabrir los ojos y salió del baño.

Bajó las escaleras con Rose en brazos y se la entregó a Mady, que la cogió encantada.

—Hermione baja enseguida —les informó Ron llevándolos hasta el comedor—. ¿Queréis algo de beber? Tengo té, whisky de fuego, cerveza de mantequilla, vino, hidromiel... agua...
—A mí me gustó la cerveza de mantequilla que me pusisteis la última vez que vinimos —dijo William.
—Pues a mí pon me otra igual, entonces —añadió Mady.

Ron sirvió tres cervezas de mantequilla y preparó té para Hermione, pues con el tiempo había aprendido que a la chica no le gustaba tomar cerveza, vino o hidromiel para cenar. Poco después, bajó Hermione. Estaba sencillamente hermosa, como si hubiera rejuvenecido siete u ocho años, aunque con cara de cansancio. Saludó a sus padres y besó a Ron.

—Toma —le dijo dándole el té—. Estás hermosa.
—Gracias. Bueno... ¿cenamos?

Sirvió la cena (consistente en un gran pollo asado con una salsa deliciosa que Ron adoraba y otras cosas) y comenzaron a comer, realmente hambrientos. Por supuesto, ni Ron ni Hermione iban a comentar nada de la crisis de ésta con nadie a menos que fuera algo más, era un acuerdo mutuo que habían hecho en silencio.

—¿Y qué tal la tienda, Ron? —preguntó Mady.
—Genial, como siempre. La verdad es que había olvidado lo que era. Es como estar en un horno, y hay mucho más bullicio que como lo recordaba. Mi hermano George dice que tendría que haber ido Charlie en mi lugar, porque es el único que no tiene esposa o hijos, y todos saben ya el trabajo de ser padre primerizo, sobretodo al principio, además, no quiero dejar sóla a Hermione aquí, y con la niña tampoco es plan de estar continuamente de un lado para otro para que tenga compañía —explicó Ron.
—Pero el lunes no tienes que ir ¿no? —preguntó Hermione.
—No, claro que no. George ya se habrá curado para mañana, seguramente, así que para el lunes estará como nuevo. Si esas cosas se curan muy rápido, el problema era que tenía que ir a la Madriguera o a casa de Percy y Audrey para que mamá o Audrey se lo curaran, porque Angelina no podía, y que convenía que se quedara en casa para el resto de la tarde, pero no podía dejar sola a Verity en la tienda. Además, tengo mis propios deberes como para hacerme cargo de los del resto. ¿No somos seis hermanos mas nuestras esposas y Harry? Tiene donde elegir.
—Bien dicho —coincidió Hermione con él.

Unas horas después, Ron y Hermione lavaban los platos a mano, como los muggles, pues Hermione opinaba que debían aprender a saber lo que era ser un muggle para respetarlos más.

—Harry y Ginny mandaron una lechuza; querían que mañana comiéramos en su casa, con Rose —le dijo Ron.
—Genial, ni siquiera sé para qué nos invitan. James es muy pequeño, a Ginny le quedan dos meses de embarazo y Rose es aún más pequeña. No sé de dónde sacan las energías.
—Apenas nos hemos visto desde que Rose nació, y con el carácter de James, supongo que ya están acostumbrados a la falta de tranquilidad. Y si te refieres a lo de antes... es normal que te pusieras nerviosa.
—¿Nerviosa? ¡Me puse histérica! ¿Cómo voy a ser la madre que Rose necesita si no puedo estar una tarde a solas con ella? —dijo Hermione levantando la voz y frotando furiosamente un plato.
—Cálmate, Hermione, no sigas por ahí. Eres una madre fantástica, ¿vale? Y lo que te pasó, es perfectamente comprensible. Rose ha estado inaguantable, no sé porqué, pero esas son cosas que tenemos que averiguar, con el tiempo. No puedes pretender ser una madre perfecta, más de lo que ya lo eres, si apenas llevas una semana en ese papel. Tenemos que aprender a saber el significado correcto de sus llantos, sus ruidos y sus gestos, pero no puedes querer saberlos tan pronto. No eres mala madre; eres madre primeriza —la tranquilizó Ron.
Hermione le miró de hito en hito, evidentemente sorprendida porque él, el ser más poco brillante mentalmente de la tierra, razonara mejor de lo que ella hubiera podido hacerlo nunca.
—Tienes razón. Simplemente quiere que... la conozcamos —susurró Hermione como si la respuesta a todas sus preguntas acabara de ser averiguada aunque siempre hubiera estado ahí, y Ron asintió alegremente. Ella sonrió para sí y continuó lavando platos con Ron.

Cuando despertó por la mañana, Ronald ya estaba vestido, inclinado sobre la cuna, y tonteando con Rose pensando que nadie se daría cuenta. Le hacía ruiditos, ponía caras, y Hermione sólo podía escuchar las "carcajadas" de su bebé. Hermione se acercó lentamente por detrás, haciendo ruido al levantarse de la cama para no sobresaltarlos, y abrazó a Ron por detrás, que le sonrió.

—Mira lo que he descubierto —le dijo.

A continuación le tocó la nariz a Rose, con un dedo, y sonrieron al ver a la niña, que bizqueó, echando las pupilas de los ojos hacia la esquina inferior de estos para tratar de ver el dedo, como si tuviera estrabismo, pero Audrey ya les había adelantado que era posible que pasara, pues los músculos ópticos aún no podían coordinar correctamente.

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